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Londres-  El extenista alemán Boris Becker, campeón de seis Grand Slam, reconoció hoy que la gloria deportiva le dejó profundas cicatrices en el cuerpo y el alma.

El hombre que se hizo leyenda al coronarse en Wimbledon con solo 17 años de edad conversó con la revista británica Radio Times sobre las secuelas de la inmadurez y la intensidad del tenis profesional.
Por ejemplo, a sus 47 años de edad a duras penas puede correr, han tenido que reconstruirle las caderas, falla su tobillo derecho y a veces cojea, sobre todo cuando viaja en avión.
"Jugar al tenis ha tenido sus consecuencias en mi vida. A los 17 años aún estaba desarrollándome, y aunque los médicos en 1985 me ayudaron bastante, ahora casi no puedo ni correr", sostuvo.
Además de lo que definió como sus cicatrices de batalla, Becker admitió que era muy egocéntrico en su juventud, actitud que le costó un millonario divorcio tras traicionar a su esposa embarazada.    "Éramos jóvenes, estúpidos y poco maduros. El tenis no fue fácil y mi experiencia en Wimbledon no era siempre placentera", reconoció el otrora astro, padre orgulloso de sus tres hijos.
A pocos días del torneo que organiza el All England Club sobre césped, Becker aprovechó para criticar a Wimbledon por forzar a los tenistas a vestir de blanco y por colocar micrófonos en la pista.

Con información de Prensa Latina

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